Leí entonces que, entre los deshechos de la compañía, alguien compró el dominio, por que era bueno, corto y pegadizo, y tenía ya fama acumulada. Fama sí, pero menuda fama... De hecho, aquel primer comprador no puso nada en el sitio. Finalmente, en 2007 se ha vendido de nuevo, y ahora es un sitio de viajes y lugares (incluyendo mapas).
Los nombres de dominio cortos y pegadizos tendrán su qué, desde luego, y hay un mercado especulativo en torno a ellos. Pero está claro que no lo es todo. El primer Boo fue un fiasco, este segundo Boo viajero, no sé, pero no deslumbra que se diga. Sin, embargo, he conocido otro servicio hace poco, Moo.com, que me tiene flipado. Moo imprime tarjetas (en dos modelos, y punto), y te las manda. Eso es todo. Tú cargas las fotos, que es muy fácil si las tienes en algunos álbumes online (con Flickr, particularmente, es de una sencillez y elegancia técnica ideal), manejas unos controles y haces el pedido. Y te mandan las tarjetas, a muy buen precio.
El modelo tarjetita, igual de anchas pero mitad de altas que las tarjetas de visita profesionales, es ideal: Si escoges una foto, 100 tarjetitas iguales; si escoges 25, 4 de cada; si escoges unas 65, de unas te saca dos, del resto una, hasta hacer 100. Las fotos quedan encantadoras, y si se lo regalas a cualquiera, encandilas a esa persona, y luego ella misma también encandila a cualquiera a quien le dé su tarjeta (efecto viral).

Adoro a Moo. Y también a Boo, aunque para mi ya no es un puntocom, para mi, Boo es la niñita con coletas amiga de Sully, el monstruo azul de Monsters Inc. de Pixar.
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